Inteligencia Emocional

Para ayudar a nuestros hijos a identificar las emociones como el amor, el odio, la ira, la tristeza, la vanidad, la alegría, el miedo y evitar que se conviertan en un reflejo inconsciente y desmedido en su reacción ante diferentes situaciones que se les presenten es un asunto muy importante en su crecimiento.  

Observarlos sin juicios que desacrediten sus sentimientos es lo mejor, porque los niños son auténticos al expresar sus emociones. Es aconsejable siempre como adultos tener una actitud de diálogo con nuestros hijos e identificarlos motivos de sus emociones. 

Te ayudamos a integrar en su educación los siguientes consejos que les ayudarán a desarrollarse como personas e integrarse socialmente. 

  1. Inteligencia emocional para controlar su ira

Hay niños que pueden golpear a sus padres o hermanos, gritar enfurecidos cuando no se les ofrece algo… acciones que a algunos adultos les puede hacer gracia, pero que son necesarias limitar desde su origen. Sobre todo, hay que acompañarlas de mensajes que les inviten al razonamiento y al control de eso que están sintiendo. No responder la ira más ira por parte del adulto. Eso será contraproducente en su conducta social. 

No fomentar la violencia de ninguna forma, ni psicológica, ni física. 

  1. Enseñar a reconocer las emociones básicas

Es recomendable iniciar a los niños en el campo del reconocimiento de las emociones, ya que es cuando ellos empiezan a interactuar con los adultos y otros niños de modo más abierto.  

Podemos realizar varios ejercicios con ellos, como introducirlos en el conocimiento de las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia.  

¿Cómo hacerlo? Mediante fotografías de rostros, dibujos, preguntándoles qué les pasa, si están tristes o por qué creen ellos que el otro lo está… Este es un modo perfecto para que aprendan a reconocer sus emociones poco a poco y también las de los demás, y sobre todo, comenzar a desarrollar la habilidad de la empatía. 

  1. Nombrar las emociones

Sería perfecto que los niños supieran dar nombre a las emociones de modo habitual: “estoy enfadado porque no me has llevado al parque”, “estoy contento porque mañana nos vamos de excursión”, “tengo miedo de que apagues la luz porque me dejas solo.” 

  1. Enseñar a afrontar las emociones con ejemplos

Es habitual que los niños en ocasiones se vean superados por las emociones, como las rabietas que les hacen gritar o golpear cosas. Es necesario que nosotros no reforcemos esas situaciones, una vez haya terminado la rabieta podemos enseñarles, por ejemplo, que antes de gritar o pegar es mejor expresar con calma qué les molesta. Que aprendan a expresar sus sentimientos desde bien pequeños. 

  1. Desarrollar su empatía

Para desarrollar una dimensión tan importante como esta es necesario razonar con ellos continuamente mediante diferentes preguntas: ¿Cómo crees que se siente el abuelo tras lo que le has dicho? ¿Por qué crees que está llorando tu hermana? ¿Crees que mamá está hoy contenta?» 

  1. Desarrollar su comunicación

Hablar con los niños, hacerles preguntas, razonar, jugar, poner ejemplos… es algo imprescindible en su educación. Debemos favorecer continuamente el que puedan expresarse, poner en voz alta su opinión y sus sentimientos, que aprendan a dialogar. 

  1. Enseñar la escucha activa

Imprescindible. Desde muy pequeños deben saber guardar silencio mientras conversas como padre o el adulto que desea ayudarlo, pero no solo eso, debe ser una escucha activa. De ahí que sea recomendable hablarles despacio, frente a frente y con sinceridad. 

  1. Iniciar en las emociones secundarias

Van a surgir en sus vidas emociones secundarias que cobrarán más peso tales como el amor, la vergüenza, la ansiedad… Siempre es adecuado que una buena comunicación con ellos nos permita hablar de estos temas abiertamente para que se sientan seguros, ya que habrá situaciones que le causen mucha ansiedad. 

  1. Fomentar un diálogo democrático

A medida que los niños se van haciendo mayores van a aparecer más demandas por su parte, de ahí que desde bien pequeños les enseñemos la importancia de pactar, de dialogar, de acordar de modo democrático. La familia es un ejemplo de la sociedad y es el mejor campo de aprendizaje. 

  1. Permitir la expresión de emociones

Para fomentar la inteligencia emocional es esencial que podamos facilitar a nuestros hijos la confianza apropiada para que pongan en voz segura aquello que les preocupa, que les hace felices que no. El hogar y la escuela van a ser esos primeros escenarios donde se va a desarrollar su vida. Si les ofrecemos comodidad para que se puedan expresarse y comunicar, también lo harán a medida que crezcan y en el resto de contextos. 

Saber comunicarse y reconocer emociones propias y ajenas son, sin duda, imprescindibles para que vayan madurando poco a poco y alcancen una solvencia adecuada para integrarse en la sociedad y ser felices en ella. Nosotros podemos darles esa oportunidad a través de la educación en inteligencia emocional. 

Referencias:

lamenteesmaravillosa.com

Enseñar inteligencia emocional a los niños

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